En la entrada anterior había recopilado información, pero ahora os diré según mi experiencia personal cómo son, para ello diré todo lo que sé, la mayor parte de su vida:
Cuando me la trajeron de pequeña, la metimos en la jaula. La pusimos en alto, y por lo visto, tienen vértigo a veces, ya que cuando la cogía, no le gustaba mucho.
Después, me regalaron una jaula hecha con ramas de cáñamo, que tenía dos pisos. En el de abajo le pusimos una caja dejando sitio para que pudiera caminar. También tenía un comedero justo a la entrada y un bebedero para conejos atado con alambres. También había una rampa hecha de cáñamo para subir al piso de arriba, en el que le echábamos sólo las cosas verdes: llantén (le encantaba), acelgas (sólo la hoja, y además, sólo fresca, aun así no le gustaba mucho), espinacas, y otras cosas. En el comedero le echábamos semillas de girasol (sin sal y sin tostar), semillas de calabaza (esto sí le gustaba) y maíz o millo, el grano. La jaula no tenía barrotes, y la pusimos en mi mesa de trabajo. Siempre estaba hecha un desastre, pues Cuy (así la llamamos) siempre corría por toda la mesa. Un día probamos comprarle comida para conejillos de Indias, pero no le gustó. Aprendí que si le castañetean los dientes, es que está enfadada y te puede echar los dientes, como si mordiera, pero porque está asustada. Después la pusimos con las cabras y no pasó nada. Se comía la comida que había en el piso. También le di unas galletitas de hinojo, le gustaron. Aún está en el corral, sólo que el cabrito le pisó la pata.
Cuy está viva, por suerte
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